LA GRAN FAMILIA

LA GRAN FAMILIA

viernes, 17 de abril de 2015

FIN DE LOS ENCUENTROS DE AMIGOS DE PARADORES (GRACIAS A LA “GRAN FAMILIA”).

En la primavera de 2011 tuve la idea de organizar un encuentro de amigos, Amigos de Paradores, entre algunas de las personas que había ido conociendo de forma virtual en el Portal creado entonces por PARADORES y hoy tristemente desaparecido, “Paradores Activo”. Me pareció una buena idea pasar al lado humano, al de carne y hueso el trato que había ido consiguiendo en aquel Portal web escribiendo, poniendo imágenes, etc. de lo que tanto me gusta y tanto amo: La Red Pública de Paradores de Turismo de España.

Y para ello, para hacer “carnal”, para “humanizar” (deben entenderse bien los sentidos en este caso de la propuesta), no podía ser sino en Paradores aquel encuentro. Para él elegí el Parador de Alcalá de Henares, del cual no tengo la necesidad de explicar motivos positivos, pues cualquiera que haya estado en él sabe que le sobran. Pero si me parece conveniente recordar la ciudad cervantina donde se halla, y su ubicación en el centro de la península para no causar agravios entre las distintas personas que tenían que llegar desde fuera de Madrid.

En el mes de mayo de 2011 fuimos recibidos por tanto por Pedro Soria y su espléndido equipo en el inolvidable Parador en lo que decidí bautizar como “Encuentro de amigos, Amigos de Paradores en Alcalá de Henares”.

Me resultaría muy difícil, prolijo, extenso, poder reflejar aquí la calidez, el afecto y la excelencia con la que fuimos acogidos por la plantilla del Parador, pero debe bastar saber que, precisamente por ello, decidí darle continuidad en un segundo Encuentro en el precioso Palacio que acoge el Parador de Lerma. Juan Serrapio y su magnífico equipo recogieron el testigo de sus compañeros y compañeras de Alcalá de Henares, e hicieron igualmente inolvidable el Encuentro en su precioso Parador.

Durante estos Encuentros disfrutamos de la amabilidad, la calidad y la leyenda como la gran familia de Paradores, y solo la gran familia de Paradores, sabe realizar, constituyendo el objetivo fundamental homenajear a la amistad en marcos tan queridos, y como acto principal una cena conjunta (todos y todas sentados a la misma mesa) en la que degustábamos el arte de la que para mí es la mejor cocina de España: el trabajo de los cocineros de Paradores.


Complementando esto, desarrollábamos un pequeño plan de actividades que organizaba el Amigo, y en mi caso consorte, Jesús Jiménez Reinaldo en coordinación con el Parador. Así hemos conocido ciudades, realizado visitas turísticas a museos, a minas, a monumentos, asistido a catas de vinos, escuchado recitales de música, visionado proyección de documentales, participado en la lectura de poemas, etc.

Según otros amigos iban sabiendo de lo atractivo de los Encuentros, mostraron su interés por irse sumando. Y aunque el carácter de los Encuentros nunca ha sido abierto, es cierto que a Jesús y a mí siempre nos ha parecido ilusionante, enriquecedor e integrador que se fueran incorporando otras personas. Pero también es cierto que el carácter endogámico y mal entendido “exclusivo” que en no pocas ocasiones suele abundar en este tipo de grupos, habitualmente me ha venido haciendo muy laboriosa (aunque desde luego conseguida) la integración de nuevos amigos.

Precisamente por este motivo ya desde el segundo Encuentro de Amigos me planteé si sería conveniente seguir realizándolos. Sinceramente eran muy trabajosos.

Pero homenajear un concepto como la amistad dejándose cuidar, acoger, mimar, por la gran familia de Paradores, no es algo a lo que para mí sea fácil renunciar, y así decidí que mientras el cuerpo aguantase (la Red Pública hostelera estoy seguro de que siempre permanecerá viva y acogedora, a pesar de los distintos presidentes y presidentas que puedan pasar por ella) organizaría cada primavera y cada otoño un nuevo Encuentro de Amigos de Paradores, hasta, si fuera posible completar todos y cada uno de la Red, pues cada uno de ellos y todos reúnen motivos más que sobrados para poder celebrar la amistad en ellos.

El criterio para elegir los distintos Paradores no era otro que, en principio, los que por proximidad a los diferentes amigos y amigas estuviesen más accesibles a su lugar de residencia, y facilitase la mayor asistencia posible, ya que, dicho queda, todos los Paradores me gustan y me faltan muy pocos, poquísimos, por conocer, pero también sé ya que me gustarán.

Y así hemos tenido la suerte de ser acogidos por Antonio López Archilla y su inolvidable equipo en el precioso Castillo que acoge el Parador de Zafra, por Jaume Sebastián, Antonio Campos y la gran familia del impresionante Castillo donde se ubica el Parador de Cardona, por Jesús López Palomero y el espléndido equipo del Castillo que alberga el Parador de Alcañiz, por Pedro Carreño y la gran familia que cuida y atiende como solo se hace en paradores el maravilloso Convento del Siglo XVI que encierra el Parador de Almagro (con una recepción que guardaré siempre como histórica en lo que yo llamo “el último albergue”: mi querido Parador de Manzanares por parte del también “histórico” José Maeso y sus compañeros y compañeras). Y nuevamente por Antonio López Archilla, pero esta vez al frente del inolvidable y entrañable equipo de uno de los mejores miradores que puedan existir en el mundo sobre una bella ciudad, como es el Parador de Soria.

Ni desearía, ni me es posible destacar un Encuentro por encima o por debajo de otro, porque todos están homologados por lo que hizo que naciesen: una gran familia de profesionales que desde hace casi noventa años vienen albergando, acogiendo, practicando el noble oficio de la hostelería de forma singular, diferenciada, inigualable, y sin parangón el mundo: PARADORES. Una familia a la que sin ser la mía de nacencia, he querido, y quiero pertenecer, desde que saliendo de la niñez, una mañana en Ávila, en unas colonias veraniegas del franquismo, volviendo, marchando, de bañarnos en el río Adaja, me parase frente a la puerta de una bellísima Casa que tenía una subyugante armadura en su puerta: una Casa de la que luego supe que era el Parador Nacional de Ávila “Raimundo de Borgoña”.

Y precisamente en mi querido Parador tenía decidido que tuviese lugar lugar el octavo Encuentro de Amigos de Paradores. Pero dice un refrán muy utilizado en España que el hombre propone y Dios dispone, y supongo que a veces hasta la propia Santa Teresa, y sobre todo, y eso sí que lo tengo comprobado, dispone el hombre y la mujer con sus desavenencias, y otras conductas que no engrandecen la amistad ni tampoco a institución alguna que uno ame, y que desee respetar.

Y en este orden de cosas, junto a la grave intervención quirúrgica a la que hace unos meses tuvo que ser sometido Jesús, mi cónyuge, y mis tremendos problemas visuales, he pensado recientemente que muy bien está lo que muy bien acaba; y decidido que el todavía reciente recuerdo del séptimo Encuentro de Amigos de Paradores en Soria, que llamé “…se hace camino al andar”, era una forma espléndida, y también inolvidable para, homenajeando a todos los anteriores, poner punto final a los “Encuentros de amigos, Amigos de Paradores” que un día nacieran en el de Alcalá. Antonio Machado acompañó, pues, nuestro último Encuentro.

En este momento deseo agradecer a todos los encontrados su asistencia, y congratularme de que siempre hayan manifestado pasarlo muy bien. Pero muy especialmente y con todo el afecto del que soy capaz, deseo agradecer a todos y cada uno de los miembros de la “gran familia”, que nos han acogido en Alcalá de Henares, Lerma, Zafra, Cardona, Alcañiz, Almagro y Manzanares, y Soria, su trabajo, su profesionalidad y su propio afecto. Ellos y ellas han hecho y hacen PARADORES, y por tanto clientes y amigos. También a los Paradores en los que nos hubiésemos podido encontrar en caso de no haber llegado al final, en la seguridad de que la calidad y la calidez de la atención, hubiese sido igual que la de sus compañeros.


Por descontado que de no empeñarse la vida en apretar muy fuerte malas tuercas, continuaré yendo a Paradores con mi pareja (de hecho dentro de muy poco vamos a retomar nuestra ruta de forma experimental tras el revés de Jesús), y desde luego que también con amigos, pero ya de forma más íntima, e imprescindiblemente con amigos que sepan respetar a las personas, la amistad y a esa inigualable Red Pública Hostelera, irrepetible en el mundo que es PARADORES, y a la gran familia que la ha hecho grande, muy grande. Única.

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